Lo nuestro y ahora hasta la palabra "nuestro" me producía escalofrios, por si era sólo mio había consistido en buscar uno en otro como en un mar caliente, en detestar nuestras ropas, en presentirnos y adivinarnos desnudos debajo de ellas.Y todo eso, para mas inri, sin una declaración previa ni una relación de confianza progresiva.Se había producido un machihembramiento -otra vez nunca mejor dicho-, por debajo de las superficies visibles, de una forma arrebatada y animal,¿Como no sentir pavor a volver a verlo, transformada yo en una señora bien vestida, con un juego de maletas de lujo, que sabe dónde pisa,que lleva a buen término un negocio del que él es colaborador ; que vivirá en el hotel Pera Palas, no presisamente por moderno, si no por "chic" y por tradicional?
La mujer fogosa y desenfrenada que él conoció se había convertido en otra mas hecha, con un estupido sombrerito, libre de marido y de amigos, dispuesta a lo que sea -sin que él sepa en qué consistitá ese "lo que sea"-, y que se ha comunicado con él durante el último tiempo con notas de precios, facturas y fríos telegramas.La coyuntura era dificil para mi, y para él quizás más todavía.
El primer intercambio de miradas iba a marcar la pauta de nuestro comportamiento.
No obstante,¿estaría yo capacitada para controlar mi mirada y para interpretar la suya? Perdida en este intrincado laberinto de posibilidades, aterrizó mi avión en Estambul.
Al pie de la escalerilla estaba Yaman.Tendió los brazos para ayudarme a desender los últimos peldaños.
Mientras murmuraba cerca de mi oido: "Estas mas guapa que nunca", me apartó hacia su derecha. Luego caimos uno en brazos del otro besándonos como una pareja enamorada que no se ve hace tiempo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario